Degustándolo - Momentos con clase

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Descubriendo degustándolo

Momentos con clase

La clase depende de ti.

Cuantas veces hemos escuchado hablar de la clase como si fuera algo que tienen que darte o concederte. Como si un cerdo del mejor rey de la historia fuese a dejar de ser un cerdo por que se codee con la aristocracia.

La clase no depende de tu dinero, no depende de tus contactos, ni de tus negocios, ni siquiera de tu familia con la que has crecido. La clase en todo momento depende de ti. De tus gustos, de tus gestos, de la forma de afrontar los reveses y los triunfos que da la vida .

La clase es un estilo de vida y como consecuencia, todo los momentos que tenemos en esta vida tienen que estar repletos de clase.

Así somos en degustandolo.com. Por eso trabajamos con champagnes que tienen personalidad y clase. Que al igual que la clase, cuesta encontrarlos, no los tiene todo el mundo.




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Erase una vez...

un mundo de burbujas y de glamour...

El champán (champagne) siempre ha sido asociado con el glamour. Grandes fiestas con grandes bailes. Grandes personas con grandes fortunas... Quien no ha visto películas como aquella dirigida por Ernst Marischka en 1956 "Sissi emperatriz" y no ha pensado "eso no es para nosotros" o "quien pudiera..." Como si el champán (champagne) se hubiese diseñado para las personas de clase más alta.

¡Nada más lejos de la realidad! El champagne es un producto al que todo el mundo puede acceder y que todo el mundo debería degustar alguna vez: una explosión de burbujas en tu boca acompañada de aquellos matices propios de las tierras donde se cultivaron las vides. ¿Quien no iba a querer probarlo?

Degustar el champagne es todo un arte que debe ser perfeccionado con el tiempo. Aprender a diferenciar los matices en nariz y en boca. Toques afrutados en nariz que luego son secos en boca. Toques de pan tostado que recuerdan una mañana de invierno junto a la panadería de un pequeño pueblo... ¡qué grande!

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Todo tiene su tiempo

La sensualidad líquida

“Todo lo que se hace bajo el sol tiene su tiempo”. Esta afirmación se puede encontrar en la Biblia (Eclesiastés 3) y, es muy apropiada en el mundo de los vinos.

Desde que se recoge la uva hasta que el champange llega a nuestra copa han pasado muchos procesos, muchas personas, muchos cuidados, y en definitiva…mucho tiempo. ¿Por qué no habríamos de dedicar un tiempo para observar, disfrutar y comparar los matices que tanto tiempo y esfuerzo ha costado conseguir?

Todo es muy delicado y sensual: se retira el corcho de la botella, apenas debe escucharse como sale el gas encerrado en la botella, sólo un susurro que no estropee el momento.

El champagne está aún muy cerrado, lleva mucho tiempo en la botella: puede respirar un poco. Mientras tanto seguimos con la conversación mientras nuestros dedos notan el frío que coge la copa cuando nos sirven. Un buen vino debe ser “hablado”, un champagne no es menos, comentamos los matices. Si la elección ha sido adecuada se puede ver en los ojos de tu acompañante la sensualidad de su placer. Pero aún no, esperamos un poco.

Observamos sus tonos y coinciden con lo que esperabas. La temperatura es perfecta. Compruebas los matices en la nariz. Después en la boca. Te tomas tu tiempo. “Es perfecto, se puede servir”. Sirves a tu acompañante y miras sus ojos. Se entornan, casi se cierran. En ese instante el mundo que lo rodea se hace etéreo y sólo existe la sensación que hay en la nariz y en la boca. Sus labios muestran la leve sonrisa de satisfacción que te demuestra que la elección ha sido buena. Su cabeza asiente muy sutilmente y te lo confirma.

Mientras las burbujas estallan en las copas se cruzan las dos miradas y la conversación continúa. No ha pasado nada, sólo unos segundo; pero qué segundos. ¿Hay algo más sensual?

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